Los 40 bramadores
Autor: Vito Dumas

El mejor y más clasico libro de náutica de nuestro país.
Relato de Vito sobre su vuelta al mundo en cuatro etapas, en plena Guerra Mundial, y en solitario, por la “Ruta Imposible”, es la apasionante historia de una de las más audaces aventuras de la navegación a vela, donde el autor tuvo que experimentar indecibles sufrimientos y salvar enormes peligros y dificultades, doblando los tres temibles cabos, Buena Esperanza, Tasmania y Hornos, con sus continuas y furiosas tempestades. Esta última edición está completada con ilustraciones inéditas de vito dumas, facilitadas por su hijo.
(Sinceramente: si sos argentino y navegante, no te podés perder este libro, que además de todo lo que representa está muy bien escrito).

Párrafo del libro: “Conocía muy bien el barco y sabía de su aguante y comportamiento en alta mar. En un viaje a Río de Janeiro realizado en 1937, al regreso fui sorprendido por un pampero que sopló a ciento cuarenta kilómetros por hora. Fue el mismo que abatió en las rocas de Punta del Este al Bonni Joan y al Shaheen, que se encontraban en puerto. La violencia del temporal los inutilizó. Me encontraba precisamente en la zona en que zozobró el Cachalote, originando una tragedia de la cual no quedaron rastros.
Era un atardecer y preparaba chocolate, en la esperanza de pasar la noche lo mejor posible. Afuera, el viento había hecho estragos en el velamen. Sólo quedaban jirones. La vista de ese mar embravecido producía escalofríos. Estaba yo capeando, aguantando proa a la tormenta. De repente, lo imprevisto: una enorme sacudida y me sentí despedido. El golpe fue espantoso. Siguiendo el movimiento del barco, rodé hasta encontrarme sentado en el techo de la camareta. Por unos segundos, eternos segundos, los mástiles quedaron apuntando al fondo del mar y la quilla, al cielo. El chocolate flotaba en es piso que era un techo. Sin referencias exteriores, pensé que el barco se hundiría. Algo atontado por el golpe, tuve la sensación de que todo acababa…y sin defensa. Las manos ensangrentadas, las sentía calientes. Era impotente ante el suceso. ¿Cómo salir de ese encierro en el que reinaba el más absoluto desorden? La quilla hacia arriba, los mástiles hacia abajo y el LEGH II que sería invadido por las aguas…La camareta, herméticamente cerrada. Me hallaba en una cárcel sin salida, en un ataúd. Me entregué al destino. Hasta una especie de laxitud me invadió; un no sé qué de conformidad, de agradecimiento y de respeto a la muerte tantas veces desafiada. Iba llegando, llegando, mientras el barco se hundiría. Nació en mí un abandono total. No quedaba una sola posibilidad de lucha. Sin armas, me resigné blandamente. Se me ocurrió que iba siendo otra vez niño.
El LEGH II fue recobrando lentamente su posición normal. Llegaba una esperanza, aunque tardaba mucho. En cuanto fue posible, salté a cubierta. La laxitud fue reemplazada por la mayor energía. Fuerzas de todos lados me animaban: de los músculos, del cerebro, de los nervios….Venían a raudales, como en bandadas. Miré el mar y sonreí. Cara a cara nos mirábamos. Ya no estaba en el ataúd. Me encontraba en cubierta. El chinchorro estaría lejos, semihundido. No importaba nada. Podía luchar y con los ojos jubilosos, con el corazón esperanzado, dueño de todas mis facultades y mis fuerzas. Se lo agradecí al barco con toda mi alma, hablándole, diciéndole un montón de palabras que el viento huracanado arrastraba. Y en ese recuerdo se afirmó mi fe futura en el LEGH II.”

La señora Ofelia no sabe que hacer. Problemas en el trabajo, conflictos familiares, el dinero no alcanza.

Está tendida en la cama y muy desanimada. Se pregunta: ¿Vale la pena seguir?, no le veo sentido a tanto sacrificio.

La señora Ofelia escucha consejos de sus amigas y no se reconforta. Nota que ya no queda gente que la emocione, que hay pocos que luchan por un ideal. Tampoco sus amigas, las que le hacen llegar sus palabras de aliento.....

A la inflación todos la conocemos, es un desequilibrio económico que nos carcome. Pero hay otra inflación que es más destructiva, consiste en emitir palabras que no están respaldadas con las acciones. Ya nos lo dijo el filósofo: "Argentinos a los hechos".

El señor Dumas nos dejó su obra, era marino y artista o mejor dicho un marino artista. En cada cuadro, en cada una de sus heroicas travesías, quiso dejar un mensaje que enrriquezca la vista de aquel que mira, que fortalezca la voluntad del que flaquea. Bellas y enormes obras de arte, que requieren ser observadas con la perspectiva de los años que van pasando, y que nos dan una visión cada vez más madura y completa. Como los frescos de una cúpula, que sólo llegan a interpretarse cabalmente a muchos metros de distancia.

Por lo que es alentador que tengamos a nuestro alcance libros escritos por el propio Vito: "Sólo rumbo a la Cruz del Sur" (primer viaje en solitario desde Francia a Buenos Aires a bordo del L.E.G.H. I -que se encuentra en el Museo de Luján); "Los Cuarenta Bramadores (viaje en solitario dando la vuelta al mundo a bordo del L.E.G.H. II -que se encuentra en el Museo Naval de Tigre); y "Crucero de lo Imprevisto" , libro de reciente aparición editado por el Instituto de Publicaciones Navales, que se refiere a un viaje en solitario a Nueva York, que terminó imprevistamente en un doble cruce del Atlántico a bordo del velero "Sirio" (este libro antes solamente había sido publicado en francés nunca en castellano)

¡Cualquiera de estos ejemplares es altamente recomendable!, dice la señora Ofelia, que comienza en marzo su curso de Timonel.