Fiebre Marina

Debo volver al mar de vuelta,
a la soledad del mar y del cielo.
Y todo lo que yo pido es un velero
y una estrella hacia la cual timonear;
Y la presión de la rueda y la canción del viento
y de las velas blancas el gualdrapear,
Y una gris neblina en el rostro del mar
y el alba cerrada que se va abriendo.
Debo volver al mar de vuelta,
ya que el llamado de la veloz marea
es de voz cristalina, es de voz agreste,
es un llamado que negar no se puede;
y todo lo que yo pido es un día de viento
con blancas nubes planeando;
espuma que salpica al vuelo
y las gaviotas chillando.
Debo volver al mar de vuelta,
a la vida errante del gitano,
a la senda de la gaviota y la ballena,
donde el viento es un cuchillo afilado;
y todo lo que yo pido es una historia fresca
de la boca sonriente de un marinero,
y un plácido dormir y un dulce sueño
al finalizar la larga faena.

(Este texto sirvió de inspiración a Vito Dumas, como el mismo lo cuenta en su libro "Los Cuarenta Bramadores")