Gabriel
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Publicado: Mar Nov 27, 2007 12:36 pm Título del mensaje: Cielito lindo de María Estela Negri |
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Este es un hermoso trabajo realizado con palabras náuticas por María Estela Negri, alumna del curso de Timonel de la UCA que se dicta actualmente.
¡Que lo disfruten! (envíen sus comentarios)
Cielito lindo
María Estela Negri
La pareja avanza de la mano por el muelle.
La mujer tiene puesta una gorra marinera y lleva una canasta de mimbre con provisiones.
Y va recitando:
Con diez cañones por banda,
viento en popa, a toda vela,
no corta el mar, sino vuela
un velero bergantín.
-Anita, ahí lo tenés al “Cielito”
-¡Ay, Simón, es un sueño nuestro botecito!
-Es un velero, Anita.
-¡Tan chufi!
-¿Chufi? ¿No podrías buscar un adjetivo más apropiado?
-¡Cielito lindo!
-Subamos. Agarrate bien del obenque.
-¿Del qué? ¿De este cable?
-Ese cable se llama obenque, Anita.
-¡Anita, la Capitana del Cielito! –exclama la mujer parada sobre la cubierta.
-¿Perdón? ¿Capitana? ¿Quién hizo el curso de timonel?
-Ay, Simón... no exageres... ¡Para lo que hay que saber!
-Anita, yo soy el capitán y vos mi marinero.
-¡Ni lo pienses! ¡Vos dijiste que el barco era mi regalo de cumpleaños!
-Era una manera de decir.
-Una manera de decir que soy la capitana del Cielito...
-Las velas están izadas: tormentín y rizo en la vela mayor... ¡Tripulante, cazar escotas!
-¿Que qué? Ah... ¿querés que tire de esta soga?
-Escota.
-Soga.
-Yo soy el patrón. Y cazá el foque que gualdrapea.
-¡Ufa! Dejame que manejo el timón.
-¡Menos mal que no dijiste volante!
-Ay, qué gracioso...
El velero empieza a salir del puerto.
-Cuidado Anita, ¡todo a babor!
-Bueno.
-¡A babor! ¡Rápido!
-¿Para dónde? ¿Para allá?
-¡No! ¿No te das cuenta que estás yendo a estribor?
-Ah... ¿vos querías decir hacia la izquierda?
-¡Y claro!
-Simón, por qué no me hablás claro. ¡Casi naufragamos!
-Varamos...
-¡Simón, Simón, qué complicado que sos!
Anita, sentada en el púlpito, los pies rozando el agua, canta a voz en cuello:
Banda, banda; sol y luna; cielo y agua:
espejismo que no acaba de pasar.
Piel de barro, fabulosa lampalagua:
me devora la pasión de navegar.
-Anita, te voy a enseñar algunas maniobras. ¿Te parece?
-¿Por ejemplo?
-A hacer un rescate.
-Okey, dale.
¡Hombre al agua!
-¡No mi amor! ¡No te tires, hace mucho frío!
-¡No, boba!
-¿Me vas a tirar a mí, entonces?
-Ganas no me faltan... Pero vamos a arrojar un salvavidas.
-¿Qué? ¿Sobra?
-Es una prueba; vamos a rescatarlo.
-¿Vamos a rescatar un salvavidas con otro salvavidas?
-No, con el bichero.
-Simón, no entiendo nada.
-Fijate bien...
-Me fijo.
Simón hace una virada por avante y pasa a unos cinco metros del salvavidas.
Intenta una nueva virada y pasa más cerca pero no logra engancharlo con el bichero.
Se las ingenia solo, para maniobrar con el timón, cazar y filar el foque y la vela mayor.
Anita, indiferente, lee una revista.
-Anita, ahora vas a ver la maniobra que me mando. ¿Estás atenta?
-Mmm...
-Vamos en ceñida, no? en un ángulo aproximado de 45° formado por la línea de crujía y la dirección del viento...
-¡Andá... Simbad!
-Por lo tanto viraremos en redondo... ¡Preparados para virar en redondo! ¿Estás lista, Anita?
-See... me parece que voy a preparar el mate.
-¡Trasluchar!
-¡Cuanta verdad, Simón! ¡Tras tanto luchar conseguimos comprar este barquito!
-¡¡¡Aaayyyyy...!!!
La botavara cruza violentamente de banda. El hombre intenta detenerla y, como lanzado por una catapulta, cae al agua.
Todo sucede en segundos, Anita sale, alarmada, de la cabina:
-¡¡Simón!! ¿Dónde estás?
-¡En el agua!
-¿Estás loco? ¿Qué hacés en el agua?
-Me caí... ¡Ayudame! ¡No sé nadar!
-¡Ya sé... ya sé que no sabés nadar! ¿Qué hago?
-¡Tirame un salvavidas! ¡Y apurate que me ahogo!
-Simón, un salvavidas se convirtió en “hombre al agua” ¿hay otro?
-No sé fijate... ¡Rápido!
-¡Tranquilo, Simón; yo te voy a salvar!
Anita busca por todas partes.
-¡No, no hay otro salvavidas! Pero voy a tirarte mi canasta de mimbre. ¿Te parece?
-Una... ¿canasta?
-¡Acá va!
El hombre bracea desesperadamente y logra alcanzarla, pero luego la corriente lo aleja de la embarcación.
-¡Estás muy lejos, Simón! ¡Volvé!
-¡No puedo! ¡Ayudame Anita! ¡Me hundo!
Anita toma el timón. Tranquila, canturrea:
Yo no soy marinero, yo no soy marinero,
soy capitán, soy capitán, soy capitán.
-Voy a girar a la derecha... ¡epa! ¡Cómo se sacuden las velas! Ya sé, voy a tirar un poco de esta piola, aflojo esta otra... a ver, a ver... ¿dónde está mi muchacho que lo perdí de vista..? ah, sí, allá está. Voy a estacionar el barco lo más cerca que pueda... voy a ir frenando... así... Ajá... si me pongo de frente al viento, puedo frenar mejor... ¡Simón!
-¡Anita, acá estoy! –Simón patalea junto al barco, aferrado a la canasta.
-Ya te veo... ¿Y ahora cómo subís?
-Tendrías que tirarme un cabo.
-Ya sé, voy a atar esta soga al...
-¡Mástil! ¡Que vos sos capaz de llamarlo poste!
-Bueno, como se llame... ato la soga.
-Cabo, Anita. Hacele un as de guía.
-Le voy a hacer un lacito que aprendí en el curso de bordado artesanal.
Anita tira el cabo, y con enorme esfuerzo Simón consigue trepar a bordo. Se sienta, helado, exhausto.
-Gracias, Anita, estuviste extraordinaria.
Anita sonríe, contenta, orgullosa. Ceba el primer mate:
-¿Un matecito bien caliente?
-¡Sí, mi Capitana!
El sol se hunde en el horizonte, el viento se calma, el cielo es de un rosa de porcelana.
Anita –tomándose del stay- se para en la cubierta del velero, levanta un brazo, gorra marinera en mano, y con gesto de pirata de película grita:
-¡Allá vamos, mares del mundo! ¡Quilla al viento!
Simón se agarra la cabeza con las manos y suspira:
-¡Proa, Anita...! Proa... proa... proa...
Noviembre 2007 |
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