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Diario de a bordo del Viaje de la Fragata Libertad

 
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Gabriel



Registrado: 20 Sep 2007
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MensajePublicado: Mar Abr 29, 2008 1:58 pm    Título del mensaje: Diario de a bordo del Viaje de la Fragata Libertad Responder citando

BITACORA DEL VIAJE XXXIX DE LA FRAGATA A.R.A. LIBERTAD
Zarpamos. Sábado 5 de Abril
Los jóvenes gavieros, luciendo el tradicional uniforme marinero, desde la altura de los palos observan la multitud que saluda a sus familiares o amigos que zarpan a bordo de la Fragata Libertad, que en 8 meses deberá realizar la más deseada travesía para todo navegante: la vuelta al mundo.
Hace pocos días me han dado la noticia de que acompañaré a la tripulación como capellán y todavía no lo puedo creer. La vuelta al mundo! Se acumulan en mi memoria el recuerdo de los más famosos navegantes de la historia, -cuyas rutas en parte repetiremos-, nombres de ciudades y países, coloridos lugares, culturas desconocidas y del océano, principal protagonista de nuestra aventura.
Desde el río vinieron a despedir a la Fragata Libertad cientos de veleros y cruceros. Entre ellos, una pequeña flota perteneciente al Centro de Graduados del Liceo Naval Militar: Marcelo en su “Compadrito”, Goyo en el “Alfa Crux”, Alejandro Toledo en el “Potra” y otros. Toda la tripulación sonreía, pero nadie dejaba de pensar en sus seres queridos con la inevitable tristeza y ansiedad del que parte hacia una travesía tan larga. Volveríamos a vernos solo después de cruzar los océanos Atlántico, Índico y Pacífico, entrar a varios puertos de África, Asia y Oceanía y, cruzando el Cabo de Hornos, volver al Mar Argentino, la cercana Montevideo y finalmente Buenos Aires.
Luego de tres horas de camino, el comandante ordenó fondear frente a la ciudad de La Plata.
La dotación de la Fragata Libertad está compuesta de unos 30 oficiales de la plana mayor, más de 80 guardiamarinas en comisión, algunos suboficiales, cabos principales, cabos segundos y algunos invitados de instituciones militares, universidades, etc. En total, somos más de 300 personas.
Como capellán, yo pertenezco a la plana mayor. Soy nuevo y no conozco a nadie, exceptuando a mi camarada del Liceo Naval, el capitán de corbeta Pablo Varela.
Sentado en mi cama del pequeño camarote que comparto con el teniente de fragata Guardia intento ordenar mis cosas y mis pensamientos. El lugar es muy pequeño. Cargué ropa de verano e invierno, libros, computadora, guitarra, bongós y un montó de cosas más que ocupan lugar.
El jefe del departamento de máquinas me invita a una excursión por todos los cargos de su departamento.
Esto requiere una explicación.
La dotación de la Fragata está dividida en departamentos y cargos. Algunos cargos dependen directamente del señor comandante: meteorología, comunicaciones, detal general, abastecimiento, navegación, relaciones públicas y sanidad. Los departamentos más importantes dependen del segundo comandante y son tres: cubierta, maquinas y estudio. Cada uno de ellos tiene como jefe a un capitán. A su vez, cada departamento tiene sus propias divisiones. El de cubierta se divide en proa y popa. A su vez, lo tres palos y el bauprés tienen sus propias brigadas, que tradicionalmente compiten entre si: Lo tigres del trinquete, las tortugas del mayor y los cuervos del mesana. El departamento de máquinas está dividido en propulsión, control de averías, electricidad y electrónica. El departamento de estudio –la Fragata es un buque escuela- se divide en dos brigadas de guardiamarinas: la de estribor y la de babor. La interacción entre la jerarquía, los escalafones y los diversos departamentos es permanente, como entre diversos órganos de un solo cuerpo. Pero según un refrán de la armada rusa, el tripulante más importante es sin duda el cocinero. Tripulación bien alimentada, tripulación contenta. Los cocineros de la Libertad son verdaderos artesanos y están obligados a preparar los platos más exquisitos para las habituales recepciones diplomáticas que en cada puerto ofrecerá el comandante.
El pequeño camarote se mueve como una licuadora y el ruido es muy fuerte.
Durante la noche la plana mayor se reúne para celebrar el feliz inicio del XXXIX viaje de instrucción de la Escuela Naval Militar. Durante los días anteriores los oficiales estaban nerviosos ya que preparar la Fragata para una navegación de 8 meses es una enorme tarea de logística. Pero ya está. Lo que no se embarcó, quedó en tierra. Cansados, satisfechos y tranquilos nos fuimos a dormir.
Por la noche volví a recorrer el mundo subterráneo de la Libertad. Abro la pesada “porta” metálica al nivel de la cubierta principal, cercana a la popa y por unas escalinatas de 8 escalones desciendo hasta el primer semipiso. Tanto las escaleras como los pisos son de perfiles de hierro. A luz de linterna sigo descendiendo hasta el segundo semipiso. Barriles y tuberías. Paso por el tercer semipiso y finalmente llego a la ruidosa sala de máquinas. No hay nadie a la vista, porque la guardia está apostada dentro de la moderna sala de controles, a proa de los motores, detrás de un grueso vidrio. Desde allí ellos reciben por computadora continua información acerca del estado de los motores y generadores. Me detengo a observar. A proa de la sala de máquinas hay un pañol, donde guardan toda clase de repuestos. Hay muchas portas cerradas, detrás de las cuales podría haber cualquier cosa. Pero un fantasma no necesita ni calor, ni comida y puede convivir con el permanente ruido y con la oscuridad. Ilumino detenidamente con mi linterna cada rincón oscuro de la sala, intentando no tropezarme ni apoyarme en nada.
La Libertad cuenta con dos motores idénticos, un solo eje de propulsión, tres generadores: dos independientes y un tercero que aprovecha la rotación del eje para producir energía eléctrica. Además del sistema de propulsión, aquí se encuentran parte del circuito de agua potable, el sistema de refrigeración, calefacción, red contra incendios, etc. Todo es controlado electrónicamente a través de gráficos de computadoras desde la sala de controles.
Mar Argentino. Domingo 6 de Abril
A las seis de la mañana levamos el ancla. Rumbo Este. Las horas fueron pasando y el color del agua se fue transformando del acostumbrado marrón del Río de la Plata a verde azulino y finalmente azul intenso. Nos alejamos de Buenos Aires por el canal Punta Indio. A babor, la costa uruguaya, Montevideo y más tarde Piriápolis.
El comandante dio la orden de maniobra general de velas. Yo subí al palo de proa, llamado Trinquete hasta el segundo palo horizontal, llamados vergas. El lugar es privilegiado para quedarse observando el mar. Así será durante 21 días. El tiempo nos acompañó: mucho sol, poco viento y poco oleaje, ideal para amarinarse antes de cualquier tormenta.
Los nombres de las velas cuadradas son (de abajo para arriba):
.palo mesana: Mesana o seca, sobre mesana baja, sobremesana alta, perico y sobreperico.
.palo mayor: Mayor, gavia baja, gavia alta, juanete, sobrejuanete.
.palo trinquete: trinquete, velacho bajo, velacho alto, juanete, sobrejuanete.
La superficie vélica de todas las velas cuadradas es de 1823,53 mtrs.
Además de las cuadras, la FL cuenta con 12 velas cuchillas cuya superficie es de 859,96 mtrs. Cinco de ellas estás dispuestas a proa del trinquite; tres entre el trinquete y el mayor; tres entre el mayor y el mesana y finalmente, a popa del palo mesana hay una vela cangreja o áurica.
El aparejo móvil es realmente muy complicado.
El tiempo es bueno, aunque el viento es demasiado suave para impulsar la fragata. La tripulación, designada a los palos trinquete, mayor y mesana aprovecha la calma para practicar las maniobras de velamen. No falta tampoco el zafarrancho de abandono y el ejercicio contra incendios. Al sonar por el altavoz la alarma, cada tripulante se dirige a la balsa asignada, llevando consigo el salvavidas y una bolsa con ropa seca, agua, una linterna y quizás golosinas.
Lo más difícil es sobrellevar sin marearse el constante e intenso movimiento del buque. El dramamine ayuda, pero produce somnolencia.
Me gusta pasar el tiempo en el puente de comando, observando cómo los guardiamarinas en comisión hacen sus prácticas de navegación, trazan la derrota, interactúan con el personal subalterno, utilizan el moderno instrumental y se ponen duchos en el uso del sextante.
Por la tarde nos sentamos a charlar y a conocernos en la proa.

Una red tejida con cabos llamada “delfinera” cuelga bajo el bauprés, -la verga que sobresale delante de la proa y donde se hacen fijos los stays de las trinquetillas de proa-. Me recuesto en ella, casi junto al mascarón de proa con rostro de mujer. Desde aquí se ve la filosa roda que corta el agua, de un extraordinario color azul turquesa.
Por la noche el comandante nos invitó a cenar a un grupo de personas. La cena transcurrió en una muy elegante sala, revestida toda de madera, ubicada en el extremo de la popa, bajo la cubierta superior. Aquí es donde se organizarán los agasajos protocolares en cada puerto, con la presencia del embajador argentino y las autoridades locales. La conversación es muy amena y la comida exquisita.
Luego de la cena, ya en la cámara de oficiales, organizamos un truco.
Con nosotros viajan guardiamarinas invitados de la marina paraguaya, hindú y nueva zelandesa. Además, estudiantes de diversas universidades argentinas, de la prefectura, gendarmería, liceo naval, marina mercante y escuela fluvial. También viene como invitada una profesora de la Escuela Naval.

La vida a bordo. Martes 8 de Abril
Cuando el buque rola sin parar –es decir, se mueve lateralmente- por causa del oleaje, dormir se hace difícil y más de una vez hay que agarrarse de la cama para no caerse al piso. Cuando la sensación de mareo es demasiado fuerte consumo dramamine.
El tiempo es muy bueno. El viento, leve del Noroeste, impulsa la fragata y alivia el trabajo de los motores y con suerte agrega un par de nudos a la velocidad, que normalmente es de 10 nudos –es decir, 10 millas náuticas por hora. Una milla son 1852 metros- pero que por momentos ha llegado a casi 12.
Por la mañana me uno a la primera brigada de cubierta. Gente muy joven, proveniente de todas las provincias de la Argentina. El suboficial Luna, dos cabos principales y algunos cabos segundos. Cuando no hay maniobra de vela, se hace mantenimiento, cabuyería –es decir, trabajos con cabos o sogas- etc. A las 10 de la mañana interrumpimos el trabajo para el mate.
A los palos se sube por escalas laterales, formadas por los obenques y cabos, siempre protegidos por un arnés de seguridad.
Fui invitado a cenar en la cámara –o comedor- de los suboficiales. Gente de mar, hábil y alegre. Hablan de la Armada con amor y dolor. Luego de la cena, como de costumbre, salgo a la cubierta: sólo el mar y el cielo radiante de estrellas.
Es impresionante ver cómo las enormes velas apenas izadas se llenan de aire. Inmediatamente el impulso a través de los palos se transmite a todo el buque, que cambia su modo de navegar, se asienta y escora.
Estamos acostumbrados a las comodidades de la vida moderna, aire acondicionado, video, y protegidos por la ciencia y la técnica. Llevamos a bordo dos médicos, una odontóloga, una bioquímica, varios enfermeros y ciento de dosis de todo tipo de medicamentos y vacunas. Para la navegación, sin prescindir de los medios tradicionales, utilizamos radares, sistemas satelitales de alta precisión, computadoras, fuentes digitales que nos permiten conocer el pronóstico meteorológico con varios días de anticipación, etc. La cámara frigorífica está llena de víveres. Los motores y los generadores son nuevos. Gracias a los desanilizadores, que convierten el agua salada en dulce, tenemos toda el agua potable que necesitamos. En una palabra, las condiciones son inmejorables. Sin embargo, éste no es un viaje de placer. Nos lo recuerdan la estricta disciplina militar y el duro y permanente trabajo de toda la dotación.
La vida o bordo. Jueves 10 de Abril
Un intenso “mar de fondo” provocó un fuerte rolido que llegó a los 15 grados de escora –es decir, inclinación-. Durante el almuerzo la vajilla va y viene de un vecino al otro.
Como ya dije, la Libertad lleva a bordo especialistas meteorólogos. Las condiciones climáticas del Atlántico Sur en el mes de Abril en parte han determinado la derrota -o ruta- planeada por el comandante. En concreto, subimos un poco –entre los 34 y 35 grados Sur- donde la navegación es más tranquila que debajo del paralelo 40 –ruta que siguiera Vito Dumas en solitario. Nos esperan buen tiempo y vientos favorables, aunque moderados, es decir, insuficientes para navegar con la sola ayuda del viento.
Para trazar la derrota se utilizan cartas náuticas de proyección "mercator”. Pero como la tierra es redonda, el camino más corto entre dos puntos–llamado ortodromia- no es una línea recta –loxodromia- sino una elipse.
El entretenimiento es fundamental para mantener a la dotación ocupada y con buen ánimo. El viaje es muy largo y la separación con la familia y la patria siempre es dura. La comisión de eventos especiales organizó un campeonato de truco. La pareja capitán Varela – capellán Mazzeo resultó invencible entre los oficiales pero, luego de vencer también a los cabos principales, fue derrotada por los cabos segundos y aplastada por los suboficiales.
También se están armando grupos musicales. Yo, modestamente, colaboro con mis bongos. Se cultiva mucho la amistad y el buen trato con todos.
Diariamente a las 8 de la mañana toda la dotación forma en proa. Saludos, efemérides navales y noticias.
La vida a bordo. Domingo 13 de Abril
Ayer se cumplió exactamente una semana desde que zarpamos de Buenos Aires. Por primera vez el cielo estuvo nublado y una leve llovizna mojó la cubierta de la Libertad. Hoy, en cambio, el mar estuvo extraordinariamente tranquilo e hizo mucho calor. Por la banda de babor nos sorprendieron con su visita dos delfines y una ballena. También nos sigue una pequeña banda de aves marineras, que se alimentan del mar y duermen sobre las olas a cientos de millas de la costa.
Por las noches vemos videos o jugamos a las cartas, mientras que la fragata hace camino al andar, acariciada por las olas, rumbo a Ciudad del Cabo.
También hay tiempo para la lectura y libros no faltan.
Un teniente de navío submarinista me cuenta sobre las incomodidades de la vida bajo el agua: espacios muy estrechos, ausencia de luz natural, una ración muy limitada de agua potable, ni la mínima intimidad. Sonríe complacido. Es lo que le gusta y no lo cambiaría por nada.
Luego del postre empezó el concierto: Folklore, canciones latinas y rock nacional. Un oficial de la marina mercante, descendiente de escoceses, nos alegró con la gaita de su abuelo. Muy buen ambiente de camaradería y sana alegría. Luego del concierto, juegos marineros: Cinchadas y lucha con cachiporras hechas de tela, llamada “caballo portugués”. La fragata continúa su lenta navegación hacia Ciudad del Cabo.
El lunes se vuelve a la rutina, que prácticamente no cambia y hace que el hoy sea parecido al ayer y que no tenga mayor importancia si es martes, miércoles o jueves.
El reloj sirve para recordar el inicio y el fin de la guardia. Lo demás se anuncia por altavoz.
El tiempo sigue inmejorable desde el punto de vista de la comodidad a bordo, aunque no es muy favorable para la navegación, ya que el viento sopla generalmente desde la proa y muy raramente del través, es decir, de costado. Nunca hemos tenido vientos regulares desde popa. Durante la mañana izamos las velas cuchillas.
Al dirigirnos al Este, cada dos días sumamos una hora al reloj.
Aquí la profundidad del océano supera los tres mil metros.
Simultáneamente a la navegación, los oficiales responsables van preparando nuestra estadía en Ciudad del Cabo, las recepciones diplomáticas, excursiones y visitas.
16 de Abril. Hemos recorrido más de la mitad de la distancia entre Buenos Aires y Ciudad del Cabo y el buen tiempo nos sigue acompañando, en gran parte gracias a que los recursos meteorológicos de la fragata nos permiten planificar la derrota teniendo en cuenta los centros de alta o baja presión cercanos. Probablemente llegaremos a Sudáfrica antes de lo previsto, pero por razones de organización esperaremos cerca del puerto hasta el 26 de Abril.
Hace ya dos días que el buque ha desplegado nuevamente todas sus velas. Hoy llueve, hay niebla y sopla mucho viento, pero el océano está tranquilo. La temperatura bajó repentinamente. Ideal para siesta y tortas fritas.
Hoy expuse ante la plana mayor del buque una presentación titulada “el capellán castrense”, acerca de la historia y la misión del sacerdote militar. El clero castrense argentino, creado en Julio del año 1810, fue el primer cuerpo profesional de las fuerzas armadas y durante la guerra de la independencia manifestó abnegación y heroísmo, como lo reconocieron los grandes próceres nacionales. Encontré y expuse datos muy interesantes sobre el tema. Por ejemplo, de los 29 diputados convocados a Tucumán como representantes de las provincias, 16 eran sacerdotes. Luego del aspecto histórico, hice algunos comentarios sobre “la utilidad de la religión”, con citas del gral. Belgrano y otros famosos militares. En resumen: Sin el sentido moral el cumplimiento de las leyes –aún de las civiles- es impracticable. A su vez, la moral siempre se integra en una cosmovisión, que es religiosa. Legalidad, moralidad y religión no son realidades independientes, sino tres aspectos de una misma realidad. Esa fue la tesis.
19 de Abril. Recorriendo la cubierta siempre me encuentro con alguien para charlar. Por ejemplo, hoy el teniente de navío Tomás Bertotto, que participó del rescate del rompehielos Irizar me relató lo siguiente. Durante el operativo, -siempre temiendo lo peor, es decir, la inminente explosión del combustible-, él descendió a una bodega, acompañado por el cabo principal Alberto Avila. De repente un golpe de mar mueve bruscamente el Irizar, el teniente pierde el equilibrio y es arrastrado por el agua, en total oscuridad. A su vez, el equipo de oxígeno del cabo Avila indica que se le está acabando el aire y en caso de no ascender inmediatamente a la cubierta, morirá asfixiado. Sin embargo, Avila, en lugar de volver a cubierta, va en busca del teniente, avanza hacia él, lo encuentra y ayuda y juntos logran llegar a cubierta, antes de perder el conocimiento. De ese modo, arriesgando su propia vida, el cabo principal Avila salvó la vida del teniente. Un héroe desconocido.
La vida a bordo. Domingo 20 de Abril
Luego de tantos días sin ver la costa, todos estamos ansiosos por llegar al primer puerto en nuestro viaje alrededor del mundo, Ciudad del Cabo. Últimamente el tiempo estuvo frio y lluvioso, pero sin tormentas.
El mejor lugar de la fragata es el puente de comando. Sobre todo por la noche, iluminado únicamente por las luces del instrumental. Desde allí se ve la proa, cuyo mascarón o bien mira hacia las profundidades del mar, o bien hacia las estrellas. Generalmente se trabaja en silencio, aunque no faltan ni las historias del mar ni el humor.
El timonel habitualmente es un cabo segundo. Los guardiamarinas hacen sus mediciones y cálculos sobre la carta náutica, controlan la dirección y velocidad del viento y por sobretodo la presencia de buques cercanos. Nuestra derrota es sencilla, casi una línea recta, entre los 85 y 95 grados, siempre cerca del paralelo 30. y no se prevén obstáculos de ningún tipo. Por supuesto, la fragata cuenta con un poderoso radar que indica no solo la posición de los buques cercanos, sino su nombre y destino. Pero nada reemplaza al ojo humano. Los futuros oficiales pasan horas enteras haciendo observaciones con el sextante, “bajando” el sol o algunas estrellas para conocer la probable posición del buque. Aunque el GPS, ubicado a un metro distancia, les da la misma información con total exactitud y sin esfuerzo. Cuando el viento lo permite, a través del altavoz el contramaestre llama a “maniobra general de velas”. Lo hace no con la voz sino con la ayuda del silbato marinero “oi-totoi-torototoi-torotito”. Entonces los gavieros suben a los palos y cazan las escotas.
Volviendo al puente, allí también hay una base meteorológica. Una suboficial especialista interpreta los datos de las fotos satelitales y de otras fuentes y de acuerdo a ellos se cambia un poco la derrota del buque. Donde es posible evitamos las tormentas.
Diariamente, de 18:30 a 19:30 la plana mayor puede usar del pequeño gimnasio.
Ayer leí en una novela de Josef Conrad titulada “Tifón” la expresión “el heroísmo de la inacción”. Me quedó grabada. No hacer nada puede resultar más difícil que hacer mucho.
En la misa del Domingo dije: “En la película Capitán de mar y guerra, antes de entrar en batalla, el comandante dice a su tripulación: este buque es Inglaterra. Nosotros podríamos decir lo mismo de la Fragata Libertad: Este buque es Argentina. Argentina tiene un alma, un modo de pensar y de sentir. Es lo que somos y representamos en cada puerto extranjero”.
La brigada de velas, que ya empieza a preparar el buque para el arribo al puerto. La sal del mar rápidamente lo arruina todo. Los mamparos y detalles de bronce están llenos de manchas verdosas. La madera reseca. La cubierta manchada. Faltan apenas 3 días y la fragata debe estar impecable.
En los tiempos libros me entretengo con la lectura de Conrad. Nacido en Polonia, emigró a Inglaterra, donde llegó a ser capitán de ultramar y sobre todo apasionado y talentoso testigo de la vida en el mar y del colorido carácter de los marineros ingleses. La vivacidad de sus relatos es fruto no sólo de su talento sino también de la rica realidad humana que lo rodeó durante sus innumerables navegaciones.
Mar sudafricano. Miércoles 23 de Abril
Luego de 18 días de navegación, sin otra cosa a la vista que no sea el cielo y el océano, divisamos la montañosa costa sudafricana. Nos acercamos lentamente, a través del canal de división de tránsito marítimo de Ciudad del Cabo. Luego de algunas horas, fondeamos frente a la ciudad. Aquí esperaremos hasta el sábado, día de la llegada oficial. El tenue marrón de la imponente meseta, a cuya ladera se extiende la blanca ciudad portuaria, el verde de las llanuras, iluminado por el sol producen una fuerte impresión, luego de la monotonía, a la cual estábamos acostumbrados desde la salida de Buenos Aries. Dejamos atrás el infinito. El busque descansa en una acogedora bahía de color azul-verdosa, mansa como una laguna. La tripulación entera trabaja en cubierta, arranchándolo todo para la solemne entrada al puerto y aprovecha a fotografiarse de espaldas a la costa. Aunque es día laboral, algunos pocos veleros vinieron a recibirnos. Luego de fondear, con la ayuda de aparejos bajan al mar dos lanchas para probar los motores. El paisaje desde la fragata es espectacular…
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